María NUESTRA MADRE
Parroquia Sagrado Corazón - Talavera de la Reina
Su presencia discreta pero constante nos recuerda que la verdadera grandeza está en servir, en escuchar a Dios y en decirle «hágase» cada día.
He aquí ese corazón que tanto a amado a los hombres
María, Madre de Dios y modelo de fe

En el corazón de la espiritualidad cristiana brilla con especial luz la figura de la Virgen María.
Elegida por Dios para ser la madre de Jesús, María representa la entrega total, la humildad profunda y la confianza absoluta en el plan divino. Su “sí” en la Anunciación —“Hágase en mí según tu palabra”— es el eco eterno de una fe que no duda, incluso ante lo desconocido.

María no solo es madre de Cristo, sino también madre de todos los creyentes. En ella encontramos consuelo en la tribulación, guía en la oscuridad y fortaleza en la debilidad. Su presencia silenciosa pero firme en momentos clave del Evangelio —desde Belén hasta el Calvario— nos enseña que la verdadera espiritualidad no siempre se manifiesta en grandes gestos, sino en la fidelidad cotidiana. Su presencia discreta pero constante nos recuerda que la verdadera grandeza está en servir, en escuchar a Dios y en decirle «hágase» cada día.

Como intercesora, María acompaña nuestras oraciones y las presenta ante su Hijo. Como modelo, nos inspira a vivir con pureza, amor y obediencia. Y como madre, nos acoge con ternura, recordándonos que nunca estamos solos en el camino de la fe. Acercarse a María es acercarse al misterio del amor de Dios hecho carne. Es aprender a vivir la fe con confianza, a seguir a Jesús con sencillez y a acoger el Evangelio con el corazón abierto.
Que contemplar a María nos ayude a abrir el corazón a Dios, a confiar como ella confió, y a caminar con esperanza hacia la plenitud del Reino. Que nuestra espiritualidad esté impregnada de esta presencia mariana: silenciosa, fiel, y llena de amor. Bajo su amparo, caminamos con esperanza.
María, Madre de la Iglesia y Madre Nuestra
Desde que por primera vez el discípulo a quien Jesús amaba acogió a María en su casa, fue María quien acogió también a la Iglesia. ’’Mujer, aquí tienes a tu hijo; hijo, aquí tienes a tu madre’’ (Juan 19,26-27). Desde que por primera vez el discípulo a quien Jesús amaba acogió a María en su casa, fue María quien acogió también a la Iglesia.
El modelo humano y la condición de discípulo que nos ofrece el Nuevo Testamento sobre María son exquisitos por su discreción, finura y ternura: su disponibilidad en la Anunciación, la fidelidad hasta el pie de la cruz, su presencia en la vida de la Iglesia ilustrada en el relato de Pentecostés. Y no hay que liberar a María del dogma para hacerla más próxima a nosotros. Si los dogmas son símbolos de la fe, entonces son formulaciones capaces de llevarnos ’’a una relación con María, tan humana, ha sido admitida ya dentro del ámbito de la divinidad: por eso es posible una proximidad especial con ella. Podemos sentirnos escuchados, amados, animados, curados por ella. Quizás ya no pensando que, como Cristo y el Padre están más lejos … ella nos hace de intermediaria. Me parece que ya todos nos dejamos llevar por el Espíritu que llama en nuestros corazones confiadamente ’’Abba, Padre’’, o que ya tenemos consciencia de que ’’en Cristo tenemos un gran sacerdote capaz de compadecerse de nuestras debilidades’’. Pero sí porque en nuestra vida espiritual la presencia del rostro femenino de María nos dice algo de Dios que sólo ella puede transmitir a su manera: con su ternura y su acogimiento de madre, su discreción, su valentía y fortaleza de mujer, su preocupación por la vida, su capacidad de comprensión, su sensibilidad y admiración por la bondad… y, seguramente, más cosas que podemos añadir.
Maria, nos ha hecho comprender, cada vez más, su importancia en la espiritualidad del cristiano: ¿cuántas veces la ternura y la mano izquierda de una madre no han podido más que la tristeza, la desesperación, el desconsuelo, el desencarrilamiento o el desencanto de alguno de sus hijos? María, sede de sabiduría, que tiene el niño en el regazo y lo muestra a todo el mundo que va hacia ella, es imagen de cómo la Iglesia tiene que presentar a la Madre de Dios: como aquella que lleva a Cristo. Si hay alguien, sin embargo, que se siente atraído por Maria y no consigue llegar al Hijo, ya ha empezado a andar, aunque no haya llegado a la meta.
La Iglesia camina con María, porque ve en ella su mejor modelo, modelo de Virginidad y fidelidad a Dios.
María ocupa progresivamente un punto singular y eminente en la fe y en la espiritualidad de la vida cristiana por eso María no es solamente la Madre de Dios , sino nuestra madre común, porque ella profesa a todos los hombres afecto e inclinación, ella es madre de todos nosotros y de cada uno. María ha engendrado a los cristianos, pues ella es Madre de Cristo y por tanto, Madre de los cristianos, lo es porque Cristo y los cristianos son hermanos .
En el desarrollo litúrgico, la Iglesia que ora con María en el cenáculo multiplicándose y difundiéndose, ha sentido lentamente la necesidad de orar a María . Pues ella es siempre evocada en la liturgia como Madre Nuestra y Madre de los Pecadores, Madre de la Humanidad: «Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos»
Para que sea fecunda la fe de la Iglesia en María Madre nuestra exige un primer principio o paso: «La Aceptación». El discípulo amado la tomo en su casa (Jn 19, 27).
En el tiempo de la Iglesia, María desempeña una función maternal y ejemplar al servicio de la única mediación de Cristo . El culto a María no se detiene en ella, sino que tiende a promover el culto trinitario y a fomentar la configuración de la Iglesia con Cristo . María, por haber entrado íntimamente en la historia de la salvación, reúne y refleja, los datos principales de la fe .
La confesión de la fe de la Iglesia, atestiguada por los Padres de la Iglesia, sin excepción, e incluido en muchos de los Símbolos de la fe, no dejan lugar a duda alguna de que maría como modelo de nuestra fe, es un dato fundamental revelado por la palabra de Dios y por tanto, pertenece al depósito de la fe.
Maria es la vanguardia de la Iglesia. Los discípulos de Cristo se marcharon ante el escándalo de la Cruz; sólo María se mantuvo al pie de la Cruz. María mantiene la fe de la primera comunidad, ya que no había en la Iglesia más que la fe de María. Ella sigue en medio de la Iglesia, en el día de Pentecostés (Hech 1, 14) sosteniendo en su fe la Iglesia naciente: «Ven con nosotros a caminar Santa maría Ven»